lunes, 4 de marzo de 2013


LAS CALLES DE JESÚS BARTOLO, POETA

POR JOSÉ FALCONI

 

EN MI CHIAPAS NATAL HAY UN PUEBLO SOSEGADO QUE AL CAER LA TARDE SE LLENA DE MURMULLOS: CHIAPA DE CORZO. TAL PARECIERA QUE EL SILENCIO VESPERTINO SE POBLARA DE BORROSAS MEMORIAS QUE CRUZAN FANTASMALES POR SUS CALLES Y HACEN SONAR AIRES ANTIGUOS Y TERMINAN POR GEMIRLE AL PARÉNTESIS DE PLATA: LA CRECIENTE (O MENGUANTE) LUNA. ¿QUÉ MILAGRO POÉTICO AHÍ SUCEDE? CUENTAN LAS GENTES –ASÍ, EN DULCE PLURAL- QUE LUSTROS ATRÁS, CUANDO ALGUIEN DEL PUEBLO IBA A MORIR, SE APERSONABA EL VIEJO BOTICARIO –QUIEN TAMBIÉN SE DESEMPEÑABA COMO EMPÍRICO FACULTATIVO- Y CAPTURABA EL ÚLTIMO SUSPIRO DEL AGONIZANTE EN UN POMO DE CRISTAL AMBARINO. EN ESA DEFINITIVA EXHALACIÓN IBA, COMO BIEN PUEDEN IMAGINAR, EL ALMA DEL MURIENTE. ASÍ EL VIEJO BOTICARIO, QUE EN SUS CONSULTAS MÉDICAS SIEMPRE DABA, A TODOS SUS PACIENTES, EL MISMO SABIO CONSEJO: “COMER BIEN Y DORMIR LARGO”;  ASÍ PUES, DECÍA, EL VIEJO FUE REUNIENDO SU COLECCIÓN DE ALMAS. PERO VINO EL TEMBLOR GRANDE, EL SISMO QUE HIZO CAER LA CAMPANA MAYOR DEL TEMPLO Y QUE TAMBIÉN DERRIBÓ LA ALACENA EN QUE EL BOTICARIO GUARDABA LAS ALMAS. Y SUCEDIÓ QUE LOS QUEBRADIZOS POMOS AMBARINOS SE QUEBRARON, Y LAS ALMAS SE ESCAPARON, Y DESDE ESE DÍA MÁGICO O TRÁGICO, NO SÉ CÓMO NOMBRARLO, EL PUEBLO SE LLENÓ DE “PRESENCIAS”, DE TRASGOS, DE MURMULLOS, DE AGRIDULCES NOSTALGIAS, DE SILENCIOS Y SUEÑOS. TODOS FENÓMENOS QUE SE DAN, POR ASÍ PREFERIRLO LAS ALMAS EN PENA, EN HORAS CREPUSCULARES.

            EN EL, LO DIGO DE UNA BUENA VEZ, BELLO E INTENSO POEMA DE JESÚS BARTOLO -“CALLE AGUSTÍN RAMÍREZ”-, EL POETA RECUPERA Y REVITALIZA EL ALMA DE LA ABUELA, EMBLEMA DE LA  MELANCOLÍA DESESPERADA QUE CORRE POR EL RÍO DE ATOYAC Y, SIN EMBARGO, EN ESE RÍO ABREVA EL CORAZÓN DEL POETA. CORAZÓN PEREGRINO Y SOLEDOSO QUE CAMINA POR LAS VEREDAS Y CALLES PEPENANDO, EN UN LENGUAJE ÍNTIMO Y SABIO, CON UN HALO DE TRANSUBSTANCIACIÓN QUE CONVIERTE EL DOLOR Y LA AMARGURA EN MÍTICAS IMÁGENES, LAS LANGUIDECES E IRACUNDIAS DE ESTE POEMA-RÍO DE HISTORIA PERSONAL Y COLECTIVA. RÍO DE SILENCIOS Y VOCES EN QUE FLOTA EL RECUERDO DE LA ABUELA, GRAN MADRE CAPAZ DE PARIR LA MEMORIA DEL PUEBLO DE ATOYAC Y ENLAZARLA CON EL ÁNIMA DEL ÁNIMA: LA PALABRA POÉTICA HECHA DE NUBE Y SANGRE. Y HAY QUE DECIR QUE LAS NUBES DE ATOYAC DE ÁLVAREZ, GUERRERO, LUCEN COMO UN DOLOR LARGAMENTE SUFRIDO PORQUE EN ESTE PUEBLO NO CIERRAN AÚN LAS HERIDAS DE LA GUERRA SUCIA DE LA DÉCADA DE LOS AÑOS SETENTA DEL SIGLO PASADO; EN LAS CABAÑAS DE ESTE PUEBLO EL MAESTRO LUCIO, Y MUCHOS OTROS, APRENDIÓ A HACERSE GUERRILLERO.

            “CALLE AGUSTÍN RAMÍREZ” ES UN CANTO MEMORIOSO, NOSTÁLGICO –LA POESÍA SE CIFRA EN LA NOSTALGIA, HAN DICHO ALGUNOS-, SENSORIAL, DE UNA SIGNIFICACIÓN EMOTIVA QUE NO PUEDE AGOTARSE CONCEPTUALMENTE. EN ESTE CANTO JESÚS BARTOLO SACA LA POESÍA A LA CALLE: QUE VEA EL SOL, QUE LE SOPLE EL VIENTO, QUE SE MOJE EN LAS VEREDAS. PERO NO SON CALLES CONFUNDIDAS EN EL TORBELLINO DE FERIAS, MERCADOS Y GENTES (ASÍ, OTRA VEZ EN PLURAL); SON CALLEJUELAS TRISTES, CON SILENCIOS DE PIEDRAS RESECAS Y PÁJAROS MUDOS, INSOLADOS; EN ELLAS SOPLAN VIENTOS QUE ARRASTRAN ÁNIMAS, ESCAPADAS DE LA MEMORIA COLECTIVA, PARA QUE LAS CALLES RESPIREN EN SU PROPIO DOLOR.

            JESÚS BARTOLO ES UN POETA QUE SABE MUY BIEN, COMO EN SU MOMENTO EXPRESÓ MALLARMÉ, QUE LA POESÍA SE HACE CON PALABRAS Y NO CON IDEAS. JESÚS BARTOLO ES UN POETA QUE INCLUSIVE HA ESCRITO CON AFANES PURAMENTE ESTETICISTAS, EXPERIMENTALES. EN “CALLE AGUSTÍN RAMÍREZ” BARTOLO LOGRA QUE “SU IDEA”, SU SUBJETIVIDAD, SUS SENTIMIENTOS, CAPTADOS O EXPRESADOS EN ESE TEXTO, SUFRAN POÉTICA TRANSUBSTANCIACIÓN Y SE FUNDAN EN LA IMAGEN DEL PENSAR Y EN LA MÚSICA DE LA VOZ (POÉTICA). ASÍ EL POETA LOGRA, COMO SIEMPRE SUCEDE CON LA VERDADERA POESÍA, QUE ESTE SU POEMA SIGNIFIQUE AÚN MÁS DE LO QUE DICE.  LOGRA QUE ESTE SU POEMA “GENERE LO INEFABLE”, TRASPASE LO QUE NOS CUENTA Y PROVOQUE EN NOS, SUS LECTORES, UNA IMPRESIÓN PÁNICA QUE NO DEPENDE DE LA ILACIÓN LÓGICA DEL TEXTO, SINO JUSTAMENTE DEL QUEBRANTAMIENTO DE LA EXPRESIÓN CONVENCIONAL, PORQUE AQUÍ BARTOLO AYUNTA LUZ Y OSCURIDAD, HARINA Y NUBE, PARA DARNOS EL NACIMIENTO DE ESE “VELERO DE VIAJANTES EN LO INMÓVIL” QUE ES EL POEMA LOGRADO.

            Y SI NOS VAMOS A TOMAR UNA COPA DE VINO PARA CELEBRAR LA EDICIÓN DE ESTA “CALLE”, DE ESTE POEMA, LO QUE SERÍA JUSTO Y NECESARIO, RECORDEMOS PRIMERO ESTOS VERSOS DE OMAR KHAYYAM: “ANTES DE BEBER ECHEMOS UNA GOTAS DE VINO A LA TIERRA PARA HUMEDECER LOS LABIOS DE LOS QUE NOS PRECEDIERON”: NUESTROS PADRES, NUESTROS ABUELOS Y EL NIÑO QUE FUIMOS…

 

“Calle Agustín Ramírez”
de Jesús Bartolo
Diablura ediciones
Colecc. Santoinfierno 07
Toluca, 2013

lunes, 25 de febrero de 2013

Doy inicio a este día escuchando a Julio Jaramillo y leyendo este poema de Enoch Cancino Casahonda:

 
 
https://www.youtube.com/watch?v=X-w5zWBrjM0

 
Puertos

Un día se marchan los que llegaron,
fincaron
y pensaron quedarse.
Otro más regresan los que se fueron,
huyeron,
quemaron sus recuerdos.
Se abren y cierran puertas en el cielo.
Se dice "adiós" o "bienvenido"
con el mismo pañuelo.


Este breve poema de "Noquis" (como era llamado por sus muchos amigos y prácticamente por todo Tuxtla, el poeta Enoch Cancino) pertenece a su libro "Tedios y memorias", publicado en 1994 por la Universidad Autónoma de Chiapas. De Noquis, que fue muy amigo de mi papá, se cuentan muchas anécdotas: en una cantina de Tuxtla, Noquis le dijo a un compañero de tragos que sufría un mal de amor: "Está bien que llores, compita, pero no mojes la botana".

Por último: Noquis es el autor del famosísimo, por lo menos allá, en mi tierra, "Canto a Chiapas", donde se dicen cosas como aquella de que "Chiapas es en el cosmos lo que una flor al viento". ¡Échense ese trompo a l'uña!

 
https://www.youtube.com/watch?v=X-w5zWBrjM0

Mi gusto por el soneto, forma poética (¿o poemática?) un tanto olvidada, me ha llevado, válgame Dios, a escribir algunos. Con el título de "Flores pánicas" publiqué doce sonetos en el libro colectivo "Antes de la danza", de Editorial Praxis. En este libro publican también Refugio Pereida, Rodrigo Falconi Vizcarra y Mario Dux. Los invito a comprar el dicho libro, sobre todo por los poemarios de mis compañeros de edición, ya que mis pánicas flores las daré a conocer por este medio, una a una, a partir de hoy.

I

Las noches del amor en sus rodillas
guarda la niña olor de yerbabuena,
sus breves senos en la noche buena
edulcoradas mentas amarillas.

Con sus delirios y sus ironías,
sin vencedor porque los dos perdemos
en un juego amoroso en que sabemos
el dulce gusto de las sodomías.

Y la noche nos tiene desvelados:
te vienes sin piedad sobre mi boca,
en mis nerviosos labios acallados.

Y la sombra al pasar nos repetía:
"En el amor hay una loba loca
que se asombra y padece en alegría".

José Falconi

domingo, 24 de febrero de 2013



A mis amigos poetas: Si alguien les dice que son malos poetas, no se amuinen ni se achicopalen, sonrían satisfechos y recuerden estos versos:


Alguien me dijo que soy un mal poeta,
nadie me ha dicho mejor elogio
puesto que soy la vocación
en su pureza.

Un poeta malo que sigue escribiendo
es como un misionero
terco en un evangelio
que nadie escucha,
como un perro apaleado
empeñado en comer y en dar mordiscos.


Este breve poema se intitula "Consuelos". Su autor es el poeta chiapaneco Enoch Cancino Casahonda (1928-2010). Un poeta muy leído, declamado y querido en Chiapas.
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sábado, 23 de febrero de 2013

Vaya un soneto con todo y su sonsenete, dedicado a quien ya se verá:

El sueño

             A la poeta
Refugio Pereida

El sueño es un oleaje en desconcierto.
En arenas ajenas sueña el ave,
con olas de fulgor, la muerte grave:
escultóricas dunas del desierto.
 
El sueño como sed del mar abierto
en noches de mi insomnio ya no cabe:
sueña en mi corazón con nota grave,
es una flor de fuego ya despierto.

El sueño es el silencio fulminado
por la callada noche del estruendo.
Por la lenta caricia ser hallado

en un grano de sombra, combatiendo.
Soñé el mar, páramo degollado
bajo las mieles de tus pies. Ardiendo.




Para saludarlos este sábado: ¿Quién escribió el siguiente soneto?:

Redención de la ausencia

 
Cuando tu voz es más que la presencia
y en los adioses detenido el aire,
nos lo vuelven las alondras grave
al doble tacto de tu doble ausencia.

Cuando abierto ya el cielo y su clemencia
caídos del crepúsculo los ángeles
en nubes remas sus oscuras naves
y te siento más cuerpo y más esencia.

Cuando en el hueco de la mano caben
monedas blancas de luna e indolencia
y se adhiere a los árboles la calle,

¡ay, qué venas de aguda trascendencia!
¡Ay, ay, qué blando el corazón nos sale
por los poros de la convalecencia!


Este soneto lo escribió, en "Marzo primaveral y volandero de 1937" nuestro cuentista y novelista José Revueltas. Este señero escritor fue hermano de otros grandes artistas: Silvestre, Rosaura y Fermín. José Revueltas fue también un militante de la izquierda mexicana. Participó en el Movimiento Estudiantil de 1968. En 1987, Revueltas ya había muerto, durante el Movimiento Estudiantil del CEU, se hizo esta pinta en un muro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM: "José, cómo te extrañamos en estas Revueltas".

Baldomero Fernández Moreno, médico rural que devino poeta, nació en Buenos Aires, en 1886 y murió en esa misma ciudad en 1950. Este poeta tuvo la virtud, en medio de un post-modernismo muy artificioso, de incorporar a nuestra poesía -la de lengua española- el "sencillismo". Escribió poemas claros, de temas simples y de fácil comunicación. Vaya como botón de muestra el siguiente poema, que tanto me... agrada por ser ejemplo de armonía poética: no sólo rítmica sino también semántica...

Setenta balcones y ninguna flor

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor
!